¿Qué es la educación? ¿Para qué sirve? ¿Encierra ésta una idea de lo que
es el hombre? ¿De lo que debe ser? ¿Hay un vínculo entre
pedagogía y antropología? ¿Entre pedagogía y ética? De ser así, ¿qué relación
existe entre libertad y educación? ¿Cómo incide la segunda en la primera? ¿Qué
papel juega la pedagogía en el contexto actual? ¿Y la psicología? ¿Tiene algo
que decir hoy respecto al aprendizaje y la enseñanza? ¿Es válido aún hablar de
una concepción psicopedagógica de la
educación? ¿Cuál es la función del educador? ¿Cuál la del educando? ¿Qué tipo
de relación debe haber entre ambos para favorecer la construcción del
conocimiento? ¿Realmente es posible incidir en ésta? Las funciones y relaciones
de docentes y alumnos, ¿cambian según los presupuestos teóricos desde los que
se miran? ¿Se repelen las teorías educativas? ¿Pueden coexistir y
complementarse? ¿Qué teoría de la educación priva hoy en México? ¿Qué tipo de
sujeto se pretende formar? ¿Con cuáles conocimientos, habilidades y valores? ¿Qué
perfil de ciudadano orienta nuestra educación? ¿Para qué tipo de sociedad?
¿Para qué mundo?
Estas y otras preguntas emergen al revisar el libro Teorías psicológicas de la educación, de Javier Serrano y Pedro
Troche, publicado originalmente en el año 2000 por la Universidad Autónoma del
Estado de México (UAEMéx) y reimpreso este año en su tercera edición. Con él,
los autores buscan, por una parte, atender el curso de la asignatura curricular
que lleva el mismo nombre y se imparte en la licenciatura en psicología en la
Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMéx., y por otra, subrayar la
estrecha relación que hay entre educación, psicología y pedagogía.
Al inicio nos presentan los objetivos de aprendizaje de la asignatura, las
sugerencias y estructura del curso, luego refieren que la educación ha sido, es
y seguirá siendo un factor fundamental para el desarrollo del hombre y de la
sociedad. Recurren a la antropología filosófica para retomar la idea del ser
humano como ser inacabado. Y es que la educación ha sido vista
como un proceso que atiende la necesidad humana de plenitud. El ser humano –desde la concepción misma de los
griegos y hasta nuestros días–, no es propiamente sino que está
siendo. La educabilidad humana es este esfuerzo de los seres humanos por
alcanzar plenitud; está enraizada en nuestra falibilidad y en la apertura a
nuevos saberes. Alude la plasticidad individual y nuestra proclividad a crecer
como personas. A través de la educación el ser humano supera su inmadurez, su
condición de desamparo y su invalidez originaria.
Los autores recurren a Kant,
Ardoino y Berzinka para decir que “la educación es un proyecto social e
individual deliberado y consciente, que pretende obtener transformaciones en el
comportamiento humano con resultados exitosos y de acuerdo con la visión de esa
sociedad, sus circunstancias, capacidades, todo ello enmarcado dentro de los
ámbitos de la cultura”. Desde su perspectiva,
la educación es un instrumento no sólo de formación sino de transformación
individual y colectiva; “instrumento de la libertad, que satisface necesidades
vitales del hombre y la sociedad”. La educación, dicen, entendida como acto,
proceso o producto, entraña una dimensión que no sólo es antropológica sino
social y política. La educación transforma la personalidad, sí, pero lo hace en
aras de un conjunto de fines u objetivos que la orientan y transcienden lo
pedagógico.
La educación es proceso de
formación, con-formación y trans-formación del hombre y la sociedad;
reposa en una serie de fundamentos psicopedagógicos que consideran, en la
naturaleza humana, una concepción psicológica y otra pedagógica que no se
excluyen sino que coexisten y se complementan. La primera habla de nosotros, de
lo que somos; la segunda se refiere a los procesos de aprendizaje y enseñanza
y, desde luego, a las teorías que se desprenden de dichos procesos. Las
primeras, enfatizan, son descriptivas y explicativas porque nos dicen qué es el
aprendizaje y cómo tiene lugar. Las segundas son prescriptivas en tanto
permiten guiar y, en su caso, reorientar la práctica que realiza el docente
para propiciar la enseñanza.
Javier Serrano y Pedro Troche subrayan un hecho que, por obvio, hoy se
pasa por alto: la enseñanza y el aprendizaje no son factores independientes; existe
entre ellos una interacción indispensable e indisoluble. Así, en esta obran pasan
revista a la posición neoconductista de Skinner, a la epistemología genética de
Piaget, el aprendizaje significativo de Ausubel, la zona de desarrollo
potencial de Vigotsky, la educación centrada en la persona de Rogers y el
método psicosocial de Paulo Freire. Esta revisión permitirá al lector advertir
que la educación cambia desde la perspectiva teórica desde la cual se mira y, en
consecuencia, son distintas también las ideas que se tienen de educador,
educando, enseñanza, aprendizaje y evaluación.
Teorías psicológicas de la educación.
Javier M. Serrano García y Pedro Troche
Hernández.Universidad Autónoma del Estado de México,
México, 2013.
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